Ernesto Ugarte

Ernesto Ugarte

Economista, Consultor, Banco Central Europeo.

La desigualdad global

Es importante precisar los conceptos metodológicos y fuentes de información que rodean el tratamiento de la equidad, igualdad y distribución a nivel global y más particularmente en América Latina (destacables los casos de Chile y Brasil en términos de estos indicadores de equidad). El Profesor Milanovic (2005) distingue tres conceptos de desigualdad global. Primero, la desigualdad internacional no ponderada es la desigualdad del ingreso per cápita entre los países del mundo. Segundo, la desigualdad internacional ponderada por la población, o desigualdad entre países (Anand y Segal, 2008), mide la desigualdad entre las personas asignándoles a todo el ingreso per cápita de su lugar de residencia; ignora así la desigualdad dentro de los países. Tercero, la desigualdad interpersonal global capta la desigualdad de los ingresos individuales en el mundo dando a todos su propio ingreso.

Este artículo se concentra en el último concepto, la desigualdad interpersonal global, y siempre que se usa el término «desigualdad global» se refiere a ese concepto. Los académicos Anand y Segal (2008) distinguen dos razones por las que podemos estar interesados en medir el grado de desigualdad global. Primera, debido a la preocupación por la «justicia global» podemos estar intrínsecamente interesados en la distribución de recursos entre los ciudadanos del mundo que refleja la preocupación por la desigualdad a nivel de países (Pogge, 2002; Singer, 2002).

 Esta visión cosmopolita del mundo supone una función global de bienestar social que trata por igual a las personas, independientemente de su país de residencia (Atkinson y Brandolini, 2010). Segunda, los cambios en la desigualdad global captan algunos efectos de la globalización. En el periodo de 20 años que algunos estudiosos han realizado, observan los impactos de una economía mundial que se volvió más integrada. La globalización que empezó alrededor de 1985 (dependiendo de la integración de los países), se modificó el patrón del comercio y de los flujos globales de capital también cambiaron dramáticamente, con la integración de China (Haskel et al., 2012), de otros países en desarrollo (Goldberg y Pavcnik, 2007) y de Rusia a la economía mundial. Bourguignon (2012) también considera los efectos de la globalización sobre la desigualdad global, pero se centra en sus efectos sobre la distribución dentro de los países.

Anand y Segal (2008) revisan en detalle la literatura sobre desigualdad interpersonal global hasta la fecha. Todos los estudios coinciden en que el nivel de desigualdad es muy alto, con un índice de Gini del 63,0% al 68,6% en los años noventa. Debido a que las metodologías y las fuentes de datos difieren sustancialmente (p.ej., el uso de agregados de cuentas nacionales, la estimación de las distribuciones dentro los países, el uso de tasas de cambio PPA diferentes y a menudo inconsistentes), hay mucha incertidumbre sobre la dirección del cambio en la desigualdad global. De allí que haya «insuficiente evidencia para rechazar la hipótesis nula de ningún cambio en la desigualdad interpersonal global en 1970-2000.

La equidad en nuevos escenarios de desarrollo.

El actual escenario en que se encuentra nuestro mundo exige un nuevo estilo de desarrollo que sitúe la igualdad y la sostenibilidad en el centro del desarrollo. Las estadísticas mundiales GINI muestran por ejemplo a Chile y Brasil como dos de los países con peor desigualdad en la distribución del ingreso en el mundo (Los dos países tiene la peor distribución del ingreso en el mundo junto a India)[1].

La persistencia de altos niveles de desigualdad y pobreza en América Latina y el Caribe, pese a los logros significativos registrados en el primer decenio y medio del presente siglo y que hoy están en riesgo de retroceder aún más, obliga a reflexionar sobre la necesidad de superar las brechas y restricciones estructurales que socavan la posibilidad de un desarrollo con igualdad y sostenibilidad, particularmente en América Latina.

Un nuevo estilo de desarrollo implica transformaciones profundas en la forma de producir, distribuir, consumir y vivir en sociedad. Se requiere un cambio estructural progresivo que, por un lado, alcance niveles sostenidos y sostenibles de crecimiento económico basados en la incorporación intensiva de conocimiento e innovación, en aumentos de productividad y en la generación de valor agregado y, por el otro, logre una mayor justicia distributiva y el fortalecimiento de nuestros regímenes de bienestar y sus respectivas políticas sociales.

Un estamento que promueve la igualdad y justicia social bajo los nuevos modelos de desarrollo sostenible es La Conferencia Regional sobre Desarrollo Social de América Latina y el Caribe, que tiene como misión central contribuir al progreso de las estrategias y políticas de desarrollo social, y representa una ocasión oportuna y fértil para debatir sobre los desafíos que enfrentamos y sus posibles soluciones. Las deliberaciones de la Conferencia informan a su vez el Foro de los Países de América Latina y el Caribe sobre el Desarrollo Sostenible, que constituye el nuevo y poderoso mecanismo regional para el seguimiento y examen de la implementación de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.

La primera Conferencia Regional sobre Desarrollo Social de América Latina y el Caribe tuvo lugar en Lima del 2 al 4 de noviembre de 2015. En la resolución 1(I) de la Conferencia Regional se reconoció que esta era la instancia propicia para potenciar las sinergias y unir esfuerzos entre los diferentes actores del desarrollo sostenible para trabajar en la implementación regional de la Agenda 2030 con un enfoque en la dimensión social y fomentando la cooperación Sur-Sur.

En aquella ocasión, la CEPAL presentó el documento Desarrollo social inclusivo: una nueva generación de políticas para superar la pobreza y reducir la desigualdad en América Latina y el Caribe (LC.L/4056(CDS.1/3)), que contenía un diagnóstico amplio acerca de diversos aspectos del desarrollo social, señalaba los avances logrados en el período reciente y los desafíos que persistían e identificaba nuevos lineamientos de política pública para enfrentar la pobreza y la desigualdad y promover una estrategia de desarrollo social inclusivo. Similarmente, en la Primera Reunión de la Mesa Directiva de la Conferencia, que tuvo lugar en Santo Domingo en noviembre de 2016, los países discutieron las múltiples dimensiones de la desigualdad social, cuyo análisis fue profundizado en el documento La matriz de la desigualdad social en América Latina (LC/G.2690(MDS.1/2)). En este documento se señala que ampliar el reconocimiento y el análisis de las características de la desigualdad social y de sus ejes estructurantes —tales como el estrato socioeconómico, el género, la etnia y la raza, las diferentes etapas del ciclo de vida de las personas y el territorio— es fundamental para avanzar en la senda del desarrollo sostenible y cumplir los objetivos de la Agenda 2030.

La introducción de la Economía Verde, El Pacto Verde, y sobre los beneficios derivadas de la economía digital, como factores tecnológicos de cambio al nuevo modelo de desarrollo económico, se hace urgente pensar en programas y políticas de igualdad, inclusión y sostenibilidad como parámetros impostergables y no negociables para mejorar nuestra red e infraestructura social y de calidad de vida de las poblaciones en minoría. Es urgente analizar las brechas, los ejes y los desafíos del vínculo entre lo social y lo productivo.

En el siguiente número de esta revista se argumenta que la inversión en las personas a lo largo de todo el ciclo de vida, particularmente en la infancia, adolescencia y juventud, y el fomento del desarrollo social inclusivo son elementos centrales para lograr una mayor igualdad. Esperamos que el presente aporte pueda contribuir tanto al debate sobre los desafíos que los países de la región enfrentan en torno al desarrollo sostenible como a los caminos originales y eficaces que lleven a alcanzarlo.

[1] Coeficiente GINI, Banco Mundial, estadísticas de distribución global de ingresos. 2021.

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